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Articulos: Artículos del Dr. Salvador E. Más

¿Por qué fumamos?  Dr. Salvador E. Más

“Yo fumo porque me gusta”
Declación de casi todos los fumadores al iniciar el tratamiento

    - ¿Por qué fumamos? Quizá no haya una pregunta mas comprometedora para un fumador. Habitualmente la respuesta es inocente:
     - ¡Yo fumo porque me gusta! 
     Yo opinaba igual y no me hacía grandes problemas al respecto. Por lo menos al principio.
     Lo mismo creían algunos directivos de las tabacaleras a mediados del siglo XX: “La gente fuma porque le encanta hacerlo”.
     Esta afirmación de uno de ellos dio origen a una historia que fue un secreto durante mucho tiempo y cuando trascendió fue poco divulgada. Relatarla ayudará a contestar nuestra pregunta inicial.
     En esa época los gerenciadores de las empresas tabacaleras conocieron un hecho que la comunidad científica mundial todavía ignoraba. Sus investigadores descubrieron que la nicotina, un alcaloide que se encuentra en la hoja de tabaco, es una sustancia altamente adictiva.
     Esta novedad hizo correr un sudor frío por sus espaldas. Veían peligrar el futuro de un próspero y descomunal negocio. Rápidamente se plantearon algunos interrogantes peligrosos. Si este hecho toma estado público: ¿seguiría la industria siendo legal? ¿O solo se vería afectada por prohibiciones diversas que no afectarían su desarrollo futuro?
     Ya hacía varios años que batallaban con la medicina con respecto a la capacidad de su producto para enfermar y luego matar a sus consumidores. Si este nuevo conocimiento trascendía o se redescubría sería la catástrofe. Deberían preparase para lo peor.

La gran idea
     Entre el elenco directivo surgió una idea ingenua, fumar es agradable, abrir el paquete, introducir el humo caliente en los pulmones, mirar las volutas de humo perderse en el cielo.
     Un directivo insinuó en voz baja:
      - ¿No es posible que a la gente simplemente le guste fumar? ¿Qué pasaría si hacemos un cigarrillo totalmente libre de nicotina? En principio ninguna ley sobre drogas nos alcanzaría, llevaríamos la industria adelante y tendríamos un negocio seguro, sin las amenazas legales que implica negociar con una sustancia adictiva. Eliminar la nicotina de la hoja del tabaco es sencillo y tiene un costo modesto.
     A muchos ejecutivos les pareció una idea estupenda que podría garantizar la buena salud de la industria por muchos años más. Se proyectó una experimento de campo en una pequeña población de los Estados Unidos. De un día para otro todos los cigarrillos en esa ciudad carecieron de nicotina. Solo en ese pequeño detalle se diferenciaban de la producción normal. El mismo papel rodeaba al tabaco, el mismo envase contenía los cigarrillos, los mismos cartones garantizaban el embalaje.
     En ese pueblo nadie repitió la compra de un paquete de cigarrillos, la mayoría terminaron en la basura casi intactos. El comentario general fue que ese día los cigarrillos tenían un gusto asqueroso.
     Conocida la reacción de los consumidores, un equipo especial recogió la mercadería “en mal estado”. Mayoristas y quiosqueros no protestaron. Se hicieron los reintegros y se pidieron las disculpas del caso, muchos distribuidores fueron invitados a conocer nuevos centros vacacionales y pronto todo el mundo en el pueblo olvidó el hecho. Pero los gabinetes psicológicos de las tabacaleras no lo olvidaron.

Los resultados
     Las compañías tabacaleras fueron demandadas reiteradas veces por particulares, organismos no gubernamentales y por el gobierno de los EEUU. Durante los juicios se les incautaron gran cantidad de documentos internos que luego de un tiempo se hicieron públicos. En algunos de ellos se refleja la conmoción que provocó la fallida experiencia de campo con los cigarrillos sin nicotina. No hubo comentarios ni lamentos entre los directivos. Nunca más se experimentó con un cigarrillo sin nicotina, a pesar de lo fácil y barato que resulta su manufactura.
     Estos fragmentos que transcribimos esquematizan la conducta operativa de las tabacaleras en la última mitad del siglo veinte.

 “... Al ser humano no le gusta ni le gustará nunca fumar. Inhalar el humo caliente de una sustancia encendida en la boca no tiene ningún sentido. El sabor del humo es feo, y tendría un reforzamiento negativo que impediría seguir fumando. Solo la llegada de la nicotina al cerebro a los pocos segundos de inhalar hace que el fumador crea que el acto es placentero.”
 “.... Nadie se ha convertido en un fumador de cigarrillos por fumar cigarrillos sin nicotina.”
Informe interno de la compañía Philip Morris al comprobar los resultados de los ensayos efectuados con un cigarrillo prácticamente sin nicotina. (1972)

“...es lastimoso que ejecutivos de esta compañía hayan creído su propia propaganda. Dejemos el tema del sabor y las marquillas en manos de las compañías de publicidad, todos deberemos saber aquí que la única razón por la que un ser humano fuma es porque la nicotina es adictiva, todo lo demás es falso. Deberemos saberlo nosotros. No nos engañemos, creo que nunca más deberemos incursionar en el terreno árido de los cigarrillos sin nicotina.” “Estamos en el negocio de vender nicotina, una droga adictiva.”
Extracto de un memorando interno escrito por un alto ejecutivo de la compañía tabacalera Brown and Williamson. (1963)

 “... toda nuestra propaganda debe centrarse en el sabor y en el prestigio, en ningún momento debemos dejar de insistir en que ofrecemos un pasatiempo placentero no diferente de una golosina cualquiera”
 “...recalquemos que fumar es parte de la vida intensa, y un factor importante de todos los placeres. “
“... El cigarrillo no debe ser contemplado como un producto, sino como un envoltorio. El producto es la nicotina y el paquete de tabaco el dispensador de las dosis diarias de nicotina.”

Informe interno de la compañía Philip Morris. (1972)

Declaración Privada: "La nicotina es el agente adictivo de los cigarrillos."
Brown and Williamson (1983)

Testimonio ante el Jurado: "Yo creo que la nicotina no es adictiva."
Gerentes Ejecutivos de las siete principales compañías tabacaleras. (1994)

Una experiencia personal
     Un día entre los días, como diría el árabe, vi un anuncio de “cigarrillos sin nicotina para dejar de fumar”. Hacia dos años que pretendía dejar de fumar y cualquier cosa que me ayudara a dejar me venía bien. Los compré. El envase era rojo con letras doradas, sin adornos y con papel celofán por fuera. Los cigarrillos se veían iguales a los que yo fumaba. Pero ahí terminaba todo el parecido.
     Prendí uno, le di la primera pitada y no me gustó. Yo diría que no solo no me gusto, me provocó un rechazo, tenía un gusto totalmente diferente al que estaba acostumbrado. Pensé: “Si me acostumbré a los otros también me acostumbraré a estos”. Me fumé tres seguidos intentando que me gustaran. Pero cada uno parecía peor que el anterior.
     -¿Serán de verdura seca? - me dije.
     La verdad es que eran realmente asquerosos. Guardé el atado con la intención de llevarlo al hospital para ver que opinaban mis compañeros.
     Al otro día, a media mañana, charlando con tres colegas fumadores les conté mi hallazgo: “los cigarrillos sin nicotina que servían para dejar de fumar”. Sin comentarios previos los invite a probarlos, nadie se negó.
     Las burlas fueron inmediatas:
     - Es una basura - dijo el primero con un carcajada.
     - Esto es una m... - concretó el segundo en la primera pitada.
     - Déjate de j..., es lechuga secada al sol, no tiene gusto a nada - remató lapidariamente el último en probar.
     Les confesé que a mi me había pasado lo mismo. Luego de un cuarto de hora de burlas tire el paquete con la mitad del contenido intacto. Terminamos la experiencia con la absoluta seguridad de que esos cigarrillos estaban elaborados a partir de verdura seca, lechuga desecada o zanahoria rallada. Ninguno se postuló que eran en todo iguales a los “verdaderos” y que solo diferían en un detalle insignificante: no tenían nicotina.
     Comprender que los cigarrillos carentes de nicotina parecen horribles porque solo su presencia los hace atractivos parece una tarea nada complicada: “Nadie fuma por el simple hecho de fumar, solo nos gusta cuando hay nicotina de por medio”.
     Entre burla y burla, a cuatro cardiólogos formados se nos escapó la oportunidad de reconocer que éramos adictos a la nicotina, no al acto de fumar.

"Cuando uno tiene conocimiento completo del enemigo y de uno mismo, la victoria está asegurada. Cuando uno tiene conocimiento completo del cielo y la tierra, la victoria será total".
General Sun Tzu The Art of War: A Treatise on Chinese Military Science, c. 500 B.C.

Volvamos a nuestra pregunta original:
     - ¿Por qué fumamos?
     Solo para administrarnos una dosis de nicotina cada sesenta minutos.
     No sentimos nada en especial, solo la calma de esa necesidad. A los siete segundos de la primera bocanada, la nicotina llega a nuestras neuronas, después de ese momento todo lo que digamos sobre el sabor, la textura, o lo agradable del humo aspirado esta referido a la nicotina, no a alguna característica que pueda tener nuestro cigarrillo.
     Y si la nicotina no esta, - ¿diremos que fumar es asqueroso?
     Desgraciadamente no, solo diremos que “ese” cigarrillo es asqueroso. El de nuestra marca - precisaremos rápidamente - es, por supuesto, maravilloso.
    

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